sábado, 4 de septiembre de 2021

Virulencia

 Está finalizando un verano laboralmente tranquilo. Mi clientela ha estado de vacaciones y los "presionadores" también. Ha habido sosiego. Desgraciadamente yo he tenido diez días de demasiada "paz".

El famoso virus nos alcanzó a mis hijos y a mi. No entraré en detalles "rollo", pero si, por diferentes motivos, no me hubiera hecho la famosa prueba -la PCR es la que decide si estás o no enfermo, la que desencadena todo este festín de llamadas, bajas y aislamiento- yo hubiera seguido trabajando porque me encontraba perfectamente.

Pero todo estalló como un huevo frito en aceite muy caliente. Me dieron la baja y estuve en casa, muy bien físicamente, pero mal anímicamente. Debe de ser que los años me hacen más rebelde y más amante de una libertad que consideraba me habían quitado injustamente.

Con este virus todo el mundo habla de sus experiencias y, en el caso de mi clientela, todos rebuscan entre sus conocidos hasta dar con alguno intubado o muerto. Claro que los hay. Hay gente que lo ha pasado muy mal. Y gente, como yo, que quiere inyectar un poco de optimismo en este sinsentido. 

De los tres afectados dos éramos no vacunados y una sí, y no ha habido gran diferencia en cómo lo hemos pasado. Yo pienso "pues la vacuna no sirve para tanto". Muchos me dicen: "la vacuna sirve para mucho, para no estar grave, para no ir a la UCI y tú has tenido mucha suerte"

El no vacunado tiene suerte, el vacunado está tocado por la varita mágica de su "protección", que no inmunización. Cada cual encaja las situaciones en su forma de ver esta ¿pandemia?, para que sus esquemas sigan manteniendo una cierta consistencia y para no volverse loco con tantas opiniones dispares y cambiantes.

En mi familia extensa (hermanos, cuñados, sobrinos) hemos sido muy egoístas los que hemos tenido el virus, nos lo hemos quedado para nosotros solos y no hemos sido de estos esparcidores que favorecen esa expansión exponencial con la que nos asustan de continuo.

Habrá quien me critique por contar mi experiencia sin tintes trágicos, pero creo que también es bueno exponer la realidad de cada uno. Yo me ahorré todos los efectos vacunatorios que tuvieron mis vecinas de parecida edad: dolores musculares y de cabeza, escalofríos, fiebre y cansancio extremo.


Mi pérdida de olfato duró sólo cuatro días. Cada cuerpo es un mundo, la genética imagino que influye y aquí dejo mi testimonio de que no siempre el virus es grave y se sobrevive sin vacuna.

El otro día vi fotos de colas de papás que iban alegremente a vacunar a sus hijos antes de empezar el colegio. De momento de 12 a 18 años. Imagino que en nada empezarán con los bebés.

Vino una cliente que me contó que su hijo iba a hacer un curso escolar en Inglaterra. Me quedé de piedra cuando me dijo que tenía 11 añitos. Ni siquiera los reyes han mandado a Leonor al extranjero siendo tan tiernecita.

-Mi hijo no quiere ir -me decía la cliente- pero luego no querrá volver. Al final lo pasan muy bien.

Imagino que el muchachito se adaptará. ¡Como no! La humanidad ya se adaptó a toques de queda, horarios de paseo, encierros forzosos, trabajo en casa, mascarilla continua... Y, ahora, es habitual el palito nasal las veces que haga falta: para detectar el virus, para montar en avión, para ir de boda... La mascarilla no tiene visos de ser eliminada. Por más que ya no haya que llevarla en exteriores, son muchos los que le han cogido cariño y la siguen llevando en calles solitarias, en el campo, en el coche... 

Perdonad por la digresión. Me decía la mamá, toda contenta, que a su niño ya le habían puesto las correspondientes dosis de vacuna para que esté tranquilo en ese internacional colegio donde va interno. Ojalá el chiquitín no tenga ningún efecto secundario de su flamante vacuna mientras esté solo en el internado.

Ahora parece que es fundamental vacunar a la infancia con algo que no está funcionando para evitar el contagio y cuyos efectos secundarios se desconocen aún.

Se está maltratando a la infancia y a la juventud apelando a la solidaridad con una ancianidad a la que también se le da el derecho a pedir la eutanasia. Han acusado a la juventud de asesina en potencia de padres y abuelos. Les hicieron estudiar a distancia, luego ir a clase con mascarillas (esas que dicen en los platós de televisión que son imprescindibles pero que ellos no llevan) alejarse de los amigos que no estaban en su "burbuja", renunciar a fiestas de cumpleaños y graduación. 

Ellos apenas han sido contagiados y, si lo han sido, la enfermedad ha sido muy leve. Pero ahora parece que la erradicación del virus depende de la total vacunación de este grupo de población. De verdad que no lo entiendo.

jueves, 12 de agosto de 2021

¿Me cobran o no me cobran?

Hace unos meses nos pusieron en marcha a todos los empleados para que avisáramos a los clientes de las nuevas condiciones de las cuentas. Se les notifican por correo postal o por mensajería estas modificaciones, pero la gente no acostumbra a leer con detalle todo este bombardeo de novedades. La clientela se fija en lo básico: ver saldos, recibos, nómina, movimientos de las tarjetas y poco más. Casi nadie pierde el escaso tiempo libre que tiene en analizar lo que tiene que hacer para que el Banco no le cobre comisiones.

Hay demasiada casuística: tener nómina, usar tarjetas, domiciliar recibos, ser titular de algún seguro o un fondo, llegar a determinados saldos, ser accionista del Banco, pertenecer a algún colectivo "VIP"...

¡Una locura! Además lo que ha servido para un momento dado puede cambiar.

Así que nos pusimos a  llamar a los clientes, a informarles, a recordarles que habían sido avisados aunque hubieran pasado olímpicamente de las notificaciones del Banco, a citarles en la sucursal para explicarles todo con más detalle y suscribir ese "producto" que favorecería el "gratis" o "casi gratis" total.


La clientela en general es amable y respondía bien. Siempre estaban los que se quejaban, apelaban a su antigüedad para exigir exenciones, amenazaban con cancelar la cuenta...

En esos momentos y dadas las directrices del Banco, en las oficinas nos importaba poco que se cancelaran cuentas. Es más, yo he animado a hacerlo.

-¿Dices que tienes la cuenta en el Banco Eurolimpio y aquí no la vas a traer? ¿Que nuestra cuenta la quieres solo para ahorrar? Pues ahorra también en Eurolimpio y cancela ésta, porque vas a tener gastos y no los podemos eliminar.

Y en esas estábamos. Aconsejando al personal que simplificara, que no eran tiempos de tener una cuenta en cada banco. Algunos unificaban en mi Banco, otros optaban por la competencia.

Llega un momento en que ya no intentamos retener a nadie. Los requisitos del Banco para no cobrar mantenimiento son estos.¿Te gustan? Pues bien ¿No te gustan, te enfadas y te vas? Pues bien también.

Somos la última pieza en estos engranajes de ocurrencias y entendíamos que mi Banco estaba feliz de simplificar y eliminar cuentas poco rentables. Empezaríamos a cobrar a todo el que tenía nómina y algún recibo. Había que estar más vinculado y hacerlo todo uno mismo en Internet para evitar las desagradables comisiones.

Con esta casuística que se nos imponía íbamos a cobrar a muchos clientes antiguos que tenían lo básico -poco- pero que no daban guerra. Siempre he pensado que el Banco (sus responsables de márketing) no ha sido avispado. Cuidar un poquito a clientes fieles  puede ser muy rentable. Ellos están orgullosos de llevar 30 ó 40 años en la misma entidad, de su número de cuenta del año 1983, de todos los directores que han conocido. Y mi empresa ni les cuida, ni les da trato especial, ni inicia una campaña tipo "premiamos la fidelidad". Solo se fija en ellos si tienen mucho dinero.

Esto es como el matrimonio para toda la vida, que está desprestigiado en esta época de divorcios, parejas sucesivas y falta de la más mínima dosis de paciencia. Como mi banco es tan moderno ¿Qué vamos a esperar? ¿Eres viejo y tienes lo básico aunque lleves 50 años con nosotros? Pues te cobramos. Eutanasia financiera.

A los dos meses de este guirigay de cuentas que se quedan, que se van... el Banco, con sus sesudos análisis, se da cuenta de la gran cantidad de clientes que se han ido. ¿No era eso lo que querían? Eran poco rentables.

Pues no. Algún genio ha pensado ahora que nos estamos cargando nuestra buena imagen y hay que revertir la situación. Ahora... ¡Vuelta a captar cuentas nuevas! Con lo que cuesta.

Han enviado un comunicado -otro más que el personal apenas leerá- a todos los clientes con nómina que habían empezado a pagar comisiones. El Banco se excusa, habla de que va a facilitar las cosas a los clientes que confían en ellos y les dice que no les va a cobrar.

Primero les "encabrona", les quita el caramelo de las exenciones durante tres o cuatro meses. Luego se disculpa y les devuelve el caramelo ¿Por cuanto tiempo? ¡Ahhh! Esa es la cuestión. Hasta que alguien importante de la alta jerarquía tenga alguna ocurrencia.

Si preguntaran a los que tenemos contacto directo con el cliente les daríamos unas cuantas ideas de como fidelizar y no enfadar a la clientela. pero prefieren encargar estas campañas a "expertos" que no han pisado una sucursal en su vida.

Estoy ya de expertos médicos, televisivos, políticos, bancarios... hasta la coronilla. Vivimos en un mundo "bluff" en que lo importante es hablar y sacar comunicados. Pero no hay ninguna sustancia dentro.

sábado, 7 de agosto de 2021

Infantilismo

Ciertas personas suelen guardar en huchas toda la calderilla que les sobra con la ilusión de hacer un viaje, tener una comilona especial o comprarse algún artilugio tecnológico céntimo a céntimo.

Luego vienen al Banco a por cartuchos de plástico para meter sus moneditas. Se entretienen durante unas horas seleccionando y colocándolas según su valor y vuelven al Banco para ingresar esos dinerillos ahorrados durante el año. Ahora todo ha de pasar por cuenta y tenemos prohibido cambiar alegremente grandes cantidades de monedas por billetes. Ya ni el contenido de las huchas es un secreto para los Bancos.

Yo recomiendo a los clientes que ahorren en billetes. Quizá tengan que hacer otro tipo de abertura en el cerdito de barro, pero es más útil dadas las restricciones actuales para operar con efectivo en los Bancos: horarios limitados, rechazo al no cliente y derivación a cajeros para muchas operaciones.

Cuando el público ya se va concienciando de que esa forma arcaica de ahorrar no tiene futuro, mi banco decide lanzar una campaña para ahorrar con el móvil. ¡Ahorrar comprando! Eso dicen. Tremenda contradicción que intentan vender como verdad absoluta. Y habrá quien se lo crea. 

No le he cogido aún el punto a cómo va a ser. Creo que acumulará redondeos al alza de tus pagos, te descontará dinerito de tu cuenta (a tu elección) para evitarte la tentación de sacarlo antes del momento de tus paradisiacas vacaciones, te facilitará pedir dinero a padres y familiares (dame algo, por caridad, que me merezco un portátil nuevo). Y todo esto lo sumará y te lo dejará aparte para que el usuario se lleve la sorpresa de un ahorro "inesperado"

El "slogan" para convencer al público es que "cuanto más compras más ahorras". Frase contundente, engañosa, retorcida y manipuladora. Habrá quien se lo crea. ¡Cómo se juega con las palabras y los números!

En el fondo de todas estas novedades subyace una concepción infantil del cliente. Un ser incapaz, despistado, que no sabe organizar sus ingresos por sí mismo, sin visión de futuro, que no conseguirá sus caprichos vacacionales si no es echando dinero al cerdito o usando una aplicación bancaria para el móvil -otra más, las app no tienen fin- en la que su banco le ayude a ahorrar. 

¡Ojo! Y además le ayuda a ahorrar gastando. Su Banco consigue lo imposible. ¿Cómo no vamos a amarle?


lunes, 26 de julio de 2021

¿Volverá Claudio Bobo?

Mi compañero, el peculiar Claudio Bobo, lleva sin aparecer por la oficina más de un año.

En el momento en que el virus apareció en nuestras vidas y trastocó la forma de trabajar de tantos, a él le mandaron a trabajar a casa por ser persona de cierto riesgo.

                                              
Trabajó en casa -mucho o poco no lo sé- Era tremendamente cuidadoso (o miedoso) y apenas salió durante los primeros meses. Cuando decidió salir se cayó, se rompió un par de huesos, y lleva ya cerca de un año impedido.

Le he llamado algunas veces. No muchas porque él tampoco se pone en contacto conmigo y a veces me pregunto por qué tengo que ser yo siempre la que llame primero cuando él ahora tiene libre todo el tiempo del mundo. Sin embargo caigo una y otra vez y llamo. Me pueden mis ansias de cotilleo, de "salseo" como dicen ahora los jóvenes.

Noté a Claudio un poco inquieto aunque él lo intentara disimular. Estar casi un año fuera del circuito laboral le ha convertido ya en un empleado desfasado al que le va a costar ponerse al día con los numerosos y constantes cambios que hay en las aplicaciones bancarias que utilizamos. Es un goteo constante de modificaciones que nos trastorna pero que vamos aceptando e incorporando a nuestro día a día.

Cuando  vuelva, Claudio se encontrará con una tormenta de novedades que será incapaz de asimilar de inmediato. Sus clientes se han olvidado de él porque durante un año han sido atendidos por otros compañeros. Tristemente, mi colega ahora es perfectamente prescindible.

Cuando hablamos por teléfono mostró sus intereses claramente. 

-Zarzamora ¿Ya habéis preparado las vacaciones? ¿Me dejaréis elegir no?

-Claudio, llevas un año fuera, te tendrás que conformar con lo que quede. No vas a llegar con exigencias.

Él no se dio por vencido y vio las ventajas.

-No importa, como ya os habéis arreglado el verano entre las tres, yo puedo coger lo que quiera y no descoloco nada. Además tengo dos meses de vacaciones.

-¿¿¿Quéeee???

-Sí, como he estado de baja el año pasado y no pude disfrutar de vacaciones, por convenio se me guardan un año.

Esto es cierto, las vacaciones se guardan. Me fastidia, porque Bobo es especialmente miedoso con el virus, de los que llevan doble mascarilla y se dejan las manos en carne viva usando hidrogel. No creo que el año pasado se hubiera atrevido a salir de vacaciones ni siquiera hasta El Escorial aunque su salud hubiera sido perfecta. Pero este año, con toda España mucho más relajada en cuanto a desplazamientos, mi amigo va a disfrutar de dos meses que ya quisiera yo para mí.

domingo, 18 de julio de 2021

Cuando "casi" nada funciona

Mi día a día laboral es de una gran incertidumbre. Cuando cada mañana me siento ante la pantalla de mi ordenador no sé qué va a salir mal. Miento. No sé qué va a salir bien.

Las rutinas ya no existen. Esos tiempos en que uno sabía que, en general, el recibo se gestionaría bien, la transferencia al extranjero llegaría, la modificación de datos básicos del cliente sería rápida y sencilla... no existen.



Incidencias. Esto es lo que yo acumulo día tras día. Ante mí tengo un muro, y otro, y otro. Matriuskas de tabiques sin fin que me impiden dar un servicio rápido y eficaz. 

Una simple cancelación de cuenta puede llevar días porque hay multitud de contratos "antiguos" sin contenido, como huevos hueros, colgados de esa cuenta y de difícil anulación.

Los asuntos de testamentarías, seguros, auditorías, los inicio y muchas veces desconozco en que agujero negro burocrático desaparecen sin que yo sepa en qué situación están ni quien los va a resolver.

En sucursales tenemos que controlar y saber de todo pero la mayoría de incidencias o temas complejos se envían a departamentos encorsetados en modelos farragosos que exigen documentación adjunta para cualquier nimiedad. Nosotros damos la cara. Otros compañeros reciben nuestros requerimientos y, alejados de la presión del cliente, miran, remiran y examinan todo con lupa para devolver los expedientes una y otra vez, pedir aclaraciones, decir que determinado documento no es correcto. En definitiva, su misión es poner trabas y tocarnos las narices a nosotros para que, a su vez, se las toquemos una y otra vez a la clientela.

Y mi día a día se resume en ser una vulgar intermediaria entre clientes cada vez más cabreados y departamentos que, teóricamente nos ayudan, pero que realmente ponen palos en nuestras ruedas constantemente,

lunes, 7 de junio de 2021

Confidencialidad médica

 Estoy indignada con mi empresa porque considero que se quiere meter en asuntos de índole privada. Como decía en otra entrada mi Banco aboga por la inclusión, el respeto, la diversidad.

¡Qué bonito, sí! Pero me parece que la diversidad "vacunacional" no le parece tan bien.

Desde siempre las cuestiones médicas son personales. Ni mis compañeros ni superiores tienen por qué saber si tengo almorranas, migrañas o un cáncer. Es cierto que muchas veces comentamos dolencias entre los colegas y si alguno está de baja sabemos la razón. Pero la realidad es que las empresas no  necesitan saber el motivo de las bajas. Con que el médico lo sepa es suficiente.

Yo no soy como los presentadores y locutores de radio y televisión, que van pregonando a toda su audiencia si se han vacunado o no. Rectifico: todos se vacunan, ninguno ha declinado ese discutible privilegio. Yo escucho a mi cuerpo, conozco mis dolencias y mis fortalezas. Sé cómo he vivido esta época coronavírica, con ciertos riesgos (o no) por atender a clientes. Y asumo que vivir tiene un componente de incertidumbre constante.

Hago uso de mi libertad para decidir si me vacuno o no, y mi decisión pertenece a mi esfera íntima.

Hoy me ha llegado un educado correo del centro médico del Banco en el que me pedían que indicara si me había vacunado o no y cuantas dosis había recibido.

La excusa de este repentino interés por nuestra salud (hace más de tres años que no nos hacen chequeos generales, que antes eran anuales) era "ir conociendo el estado de inmunidad en el centro de trabajo" y "ajustar las decisiones ante infecciones por coronavirus"

Un poquito tarde, la verdad, porque llevamos desde el inicio de este desastre con las sucursales abiertas y en lo más gordo de los contagios ya sabían cómo actuar: cerraban unas oficinas contagiadas, abrían otras "limpias", mandaban a los empleados de "contacto vírico" a teletrabajar, disponían de los empleados sanos... No lo hicieron mal, la verdad, en esos momentos en que no había mamparas, ni apenas mascarillas, ni tests, ni por supuesto esta apoteosis vacunacional que invade España.




Este educado mensaje que no firma nadie con nombres y apellidos, creo que busca más una clasificación de los empleados que la búsqueda de nuestro bienestar. 

"Hay que vacunarse, la vacuna es segura, vacúnate" El Banco quiere que sus empleados obedezcan al slogan de moda, y que no guardemos nuestro "secreto", que lo compartamos con su servicio médico. El para qué no lo tengo muy claro. 

Nota posterior a esta publicación: Es 19 de julio y ya he recibido tres  correos en los mismos términos, instándome a que "voluntariamente" conteste a un despersonalizado centro médico.

domingo, 23 de mayo de 2021

¿Un Banco está para estas bobadas?

 Ya sabemos que hay 365 días en el año pero hay muchos más "días de": del teatro, del abuelo, de los mares, del cáncer...

La mitad de las veces ni sabemos qué motivo de  "conmemoración" hay cada día, salvo ciertas jornadas que son publicitadas a bombo y platillo y a las que mi Banco se suma con ganas.

El día de la mujer trabajadora, el día del medio ambiente, el día de la inclusión y, la semana pasada, mi empresa nos sorprendió recordándonos en la página de entrada a nuestros sistemas que era el día "contra la homofobia, transfobia y bifobia"

Ni siquiera mis compañeras, mucho más jóvenes que yo, eran conocedoras del término "bifobia". Me enteré y parece que es el odio a los bisexuales.

Normalmente cuando el Banco cuelga distintas informaciones en esa página de inicio no suele haber comentarios (los comentarios por supuesto no son libres, están debidamente moderados) Sí hay algunos dedito al alza, el símbolo de "me gusta eso tan interesante que cuentas". Sorprendentemente mi Banco no habilita deditos hacia abajo. No vaya a ser que haya demasiados y los deditos hacia arriba o hacia abajo no los controla.

El día de la nota sobre la homofobia el que la redactó decía las típicas obviedades de que el Banco, en su lucha por la igualdad y el respeto quiere evitar todo tipo de discriminación por razón de preferencias sexuales y bla, bla, bla... En fin, todo políticamente correcto, sin decir absolutamente nada novedoso, haciendo creer que en el Banco hay cierta problemática con esto.

En este caso sí había unos 20 comentarios breves de empleados "pelotas" de este tipo:

-"Orgulloso de trabajar en un Banco preocupado por la dignidad de las personas"

-"Así se hace, que nadie sea discriminado por su orientación sexual"

-"Gracias por trabajar en un Banco pionero en temas sociales"

Cualquier comentario que recibo en mi blog tiene más chicha que estas frasecitas tipo, que me hubieran parecido falsas si no fuera porque aparecía el nombre y, a veces, el apellido del compañero. 

A mi banco lo que le importa es ganar dinero y vender los "productos" que toquen en cada momento. Su modo de gestión se basa en la presión y la medición constante de sus empleados con los que muchas veces es tremendamente injusto.

Pero luego, como tantas otras empresas se apunta al juego del "postureo", de ser el más reivindicativo en las causas de moda.

Mi Banco es el más feminista del mundo de cara a la galería, pero ahora mismo está haciendo una escabechina entre mujeres de 40 a 50 años si no se doblegan a un cambio de jornada continua a jornada partida. Pero sobre el papel y de cara a los medios tiene muchas medidas de "conciliación"

Mi Banco se preocupa por el medio ambiente y por ello, unilateralmente, elimina la correspondencia en papel a su clientela porque es más ecológico ver todo en el ordenador y así se evita la tala de muchos árboles. En los departamentos centrales hay grifos y ya no hay botellitas de agua envasada.

Por el contrario, muchas veces se hacen reformas costosas en sucursales que cierran a los pocos meses. O se cambia mármol bueno en los suelos por tarima plastiquera que está más a la moda. O se mantienen aparatos de aire acondicionado de hace mil años que a saber que porquerías tienen en sus entrañas. O, siguiendo la moda imperante hace tiempo, se eliminan ventanas en todas las sucursales porque se piensa que es mejor una ventilación forzada y artificial y se crean despachitos mínimos alejados de luz natural. Las cristaleras -que no ventanas- se cubren con estores que, según normativa, deben permanecer siempre bajados para que nadie vea el interior de la oficina.

Eso sí, tenemos hidrogel a manta para empleados y clientes. ¡Viva la sostenibilidad ambiental!

Mi Banco siempre pone en su publicidad institucional interna a algún negro, oriental o impedido en silla de ruedas para hacer ver que se preocupa por la inclusión. Los pone en un porcentaje muy superior al real. Llevo más de tres décadas en el Banco y solamente tuve una compañera con polio que andaba con mucha torpeza. Si a mi sucursal llegara alguien en silla de ruedas sería imposible que atendiera en mi puesto. En otros quizá sí. Pero muchas de las actividades que yo realizo: cargar el cajero, abrir y cerrar cajas fuertes, archivar, serían inviables para él. Lo que no he visto jamás es alguien feo o gordo en la publicidad del Banco. Parece que esos no necesitan inclusión.

Y por último, no puedo con estas reivindicaciones de respeto a todos los LGTB (quizá me falte alguna letra, van agregando tantas que es imposible memorizar) Y no puedo porque los empleados de Banca respetamos a todo el mundo sea como sea. Yo he tenido multitud de compañeros y no he ido preguntando por ahí con quién se acuesta, ni su religión, ni como ha sido su infancia, ni a quien vota, ni si se vacuna o no. Son temas que surgen -o no- cuando hay cierta confianza. Son asuntos personales que no influyen en la relación de trabajo. Al Banco vamos a trabajar, a relacionarnos cordialmente, a respetarnos, no a hacer amigos. Si surge la amistad, como surge en la gran mayoría de casos, pues estupendo. Se respeta al gordo, al calvo, al reivindicativo, al acomodaticio... No tiene que venir la empresa a apuntarse a un día de reivindicación como si en el Banco hubiera empleados  homófobos Porque no los hay.  Porque ya está bien de que esos colectivos vayan siempre de víctimas en pleno siglo XXI. Al menos en este sector.

Y no, no puedo decir que tengo amigos gays o trans, o lesbianas porque no los tengo. O sí y no me he dado cuenta de que lo son. Porque la intimidad le pertenece a cada uno y de su intimidad cuenta lo que quiere. Y si uno no cuenta cosas no necesariamente es porque vaya a sentirse discriminado, sino porque nuestros gustos, aficiones, creencias, actividades, no tienen por qué ser expuestos ante cualquiera que pase por nuestra vida. No todos somos Rociíto.

Amplío esta entrada. Cuando la escribí estábamos en el mes de mayo. Durante todo el mes de junio y hasta que se ha celebrado el famoso "día del Orgullo" hemos tenido la bandera arco iris ocupando toda la pantalla del ordenador en cuanto lo abríamos. Y se nos recordaba nuevamente todo lo que hace el Banco en la promoción de estos colectivos. Más de lo mismo, pero ya no solamente durante un día, sino durante un mes.

domingo, 21 de febrero de 2021

Confusión

 Tengo pocas ganas de escribir. Esa es la verdad. He decidido aprovechar este ratito "muerto" antes de salir a comer con unos amigos para contar mis últimas "vivencias" laborales. 

Este lunes se incorpora una nueva directora que sustituirá a Roque Ronco, que no era mala persona, pero con su vozarrón y su barba desaliñada asustaba a muchos de los clientes que, poco a poco, me van confesando cierta alegría por su marcha. 

La que también se alegra es la chica de la limpieza que ya no tiene que tirar docenas de botellas vacías de Coca Cola ni las colillas que Roque envolvía en tres o cuatro servilletas de papel en el baño, intentando disimular los cigarritos que se fumaba a escondidas asomando la cabeza por la ventana del patio interior.

El otro día le encargué que limpiara bien el despacho que ha dejado vacío Roque y que mañana ocupará su sucesora. Algunos cajones tienen material de papelería. Hay muchas carpetas que probablemente tiraremos. Vi un paquete que hace dos años le tocó en un "amigo invisible" que hacíamos en las comidas navideñas, cuando podíamos reunirnos libremente y desearnos felicidad con un par de besos. Aunque no echo de menos besar la barba descuidada de Roque. 

Yo había estado en el extranjero (vaya, otra actividad difícil de realizar hoy en día) y compré unos adornitos típicos navideños pensando en ese juego. Ahí estaban tras más de dos años, olvidados por mi ex-director, que lleva ya casi un mes en otro destino. Abrí el paquete y pensé que algo tan mono estaba destinado a volver a mí. Lo tengo en mi casa y lo colgaré en mi árbol en la próxima Navidad.

En este tiempo de espera hemos estado solas mi jefa directa, la exótica Blanca Estrella, y yo. Más o menos, hemos podido con todo. Yo tuve que estar en casa unos días porque había visitado a una tía que poco después fue ingresada por neumonía Covid en el hospital. De nada me sirvió estar sanísima y dar negativo en el test que me hizo mi empresa. Me mandaron con un portátil a casa. Me encontraba tan desesperada de acceder mal, tener problemas con las claves, no poder hacer bien algunas tareas por falta de medios... que me tomé dos días libres que tenía pendientes.

-No seas tonta Zarzamora -me decía la amable Blanca- ya te tomarás esos días después para irte por ahí con tu marido. Sigue trabajando lo que puedas.

-¿Y a dónde voy a ir? Deja, deja, me quedo en casa lunes y martes, de vacaciones, sin trabajar. Me levantaré tarde. Saldré con tranquilidad a pasear por el barrio y a tomar el sol. Y no estaré con el agobio de no poder hacer bien las tareas.

Me hicieron una nueva prueba de las del palito nasal, volvió a dar negativo y ya retomé mi rutina de salir diariamente a trabajar.

Poco después le tocó a Blanca estar preocupada. Esta situación agobia a todo el mundo, aunque ni Blanca ni yo somos especialmente obsesivas con el tema. Ella tenía mocos, tos, fiebre... lo dijo en el banco y... prueba para ella. Negativa también. Al no ser "contacto Covid" como yo, vuelta al trabajo a los tres días.

Así que... éramos solo dos y nos han tenido que mandar refuerzos cuando hemos estado solas. Y hemos sobrevivido. Al trabajo, a la enfermedad...

Mi tía, mayor, ya está en casa. Después de tres semanas en que casi perdió la noción del tiempo y fue encadenando nuevas infecciones, sin visitas ni entretenimientos, sin poder escuchar bien el teléfono... le dieron el alta. En dos días en casa ha revivido como una planta falta de agua cuando la riegan. Y es que la soledad afecta muchísimo. Y gracias a que hay capellanes que, bien equipados con todo tipo de mascarillas y trajes, visitan a los enfermos y les hacen compañía, aguantó un poco mejor. Las dolencias físicas se agravan mucho con las dolencias psíquicas. Esto sí es un cóctel letal que, por suerte, mi tía ha superado.


lunes, 18 de enero de 2021

Nieve sucia

Ha transcurrido ya una semana desde "la gran nevada" y la situación en la gran ciudad no se ha "normalizado" del todo. Es difícil con este temporal siberiano que nos ha tocado vivir y que contaremos a nuestros nietos una y otra vez.

Aún queda mucha nieve que va perdiendo poco a poco ese blanco deslumbrante. Hay calles secundarias con orientación norte que parecen pistas de patinaje. Montañas de nieve sucia se amontonan en las orillas de las calles principales y bolsas y desperdicios se acumulan en los contenedores y sus aledaños.

                      
El manto blanco va retrocediendo y deja al descubierto las miserias habituales de la gran ciudad y las añadidas como consecuencia de este desastre. "Lo poco gusta, lo mucho cansa" Esto me está pasando a mi con la nieve. Me aburre ver el patio amplio de mi comunidad cubierto de una blancura perenne. Me cansa ir al trabajo con las botas de montaña y el palo de excursionista que me ha evitado más de una caída.


¡En fin! Ahora estamos a la espera de las lluvias que no sé si mejorarán o no la situación. Desconozco si en el futuro regresaremos a esa ansiada "normalidad" que por culpa del virus o de fenómenos atmosféricos, parece cada vez más lejana.

A mi oficina pudimos llegar en metro todos los empleados y estamos funcionando como siempre. Con menos público pero con múltiples llamadas o correos electrónicos. Muchas otras sucursales con empleados que tenían que desplazarse desde lugares lejanos, y quedaron incomunicados por el temporal, no pudieron abrir.

Esto debería servir para que la empresa se diera cuenta de lo útil que es tener a sus empleados en oficinas cercanas a su domicilio. Muchas veces los "mandos" ejercen el poder e imponen el miedo, el ordeno y mando al más puro estilo cuartelario, el castigo... Y alejan cada vez más al personal de su casa. Se da la circunstancia paradójica de que el de Coslada se tiene que desplazar a Madrid y el de Madrid moverse a diario a Coslada, por poner un ejemplo.

Pues así les ha ido en esta semana pasada: sucursales cerradas o a medio gas y empleados trabajando como podían desde casa con sus portátiles. Puede que la nieve haya ralentizado algunas tareas pero otros "movimientos" del Banco han seguido su curso sin que les afectara nieve ni hielo.

A mi director, Roque Ronco, se lo llevan a otro puesto. Su carrera como director está en declive. Ha ido pasando de sucursal a sucursal, cada vez  de menor categoría. En ésta ha estado a gusto durante los escasos tres años que la ha dirigido, pero no le dejan acabar aquí tranquilamente los pocos años que le quedan de vida laboral. Hay que revolver todas las fichas, que nadie se acomode, que la incertidumbre sea el pan de cada día.

Aún no sabemos quien vendrá. Probablemente alguien joven con ambiciones. Retomaremos la dinámica de presentar al nuevo a los clientes y explicarles -si se puede- el por qué de tanto cambio.

Vamos camino de convertirnos en una de esas cadenas en que los clientes compran la pizza o el vestido y jamás ponen cara a quien les ha atendido. Porque da igual. Las caras cambian. El mundo se despersonaliza a marchas forzadas y muy pronto nos dará igual que nos atienda una persona o una máquina.

Nota: A pesar del título de la entrada ha podido más mi ego e ilustro con algunas fotos bonitas de nieve virgen. Porque también he disfrutado mucho paseando por las zonas cercanas a mi casa.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Acaba 2020

No sé bien de qué escribir para finalizar este año tan raro. Todos tenemos en la oficina una sensación ambivalente de que el tiempo desde marzo ha pasado a la vez rápido y lento. No hemos sido un sector castigado económicamente y los jefes han seguido dando caña sin descanso, insensibles a la situación actual. Como si todo siguiera igual. Un gel, una caja de mascarillas y ya está. A cumplir los mismos objetivos de siempre. O más.

Yo no soy miedosa y me siento segura en mi oficina. Sigue viniendo gente, pero un gran edificio de oficinas está medio vacío, una facultad cercana está también a medio gas. De esos lugares ya no nos llegan clientes. 

Los que entran lo hacen con cuidadito. Temen apelotonarse mucho. La oficina, aunque remozada este verano, tiene, como me decía uno de mis hermanos, y cliente también, un aspecto decadente y triste. Lógico, hay más puestos de trabajo que trabajadores. El año pasado por estas fechas suprimieron a nuestro "quinto elemento", la singular Tolosa, que no se llevaba bien con casi nadie. Nos quedamos cuatro. Uno de los compañeros restantes estuvo hasta el verano recluido en su casa a cuenta del virus porque era de riesgo y, además, muy miedoso. Trabajaba en casa lo que podía. El día que decidió que ya era hora de que le diera un poco el aire, se cayó en la calle. Tuvo rotura de pierna, operación, reposo, silla de ruedas y ahora está en periodo de muletas y rehabilitación. Uno menos para trabajar.

Así que quedamos dos personas en el inmenso patio de operaciones y el director en su reducto, que ya no es tan guarida como antaño. No tiene más remedio que salir, atender a clientes y meterlos al despacho cuando procede. Se acabaron los tiempos de ser señorito. La verdad es que le ha sentado bien esta mayor actividad. Me doy cuenta de que Roque Ronco sabe hacer muchas más cosas de las que yo pensaba. Hemos convertido este pequeño grupo de tres: Roque, Estrella, y yo, Zarzamora, en un verdadero equipo.

El otro día Roque rezongó un poco al ver el árbol de Navidad que habíamos colocado mi nueva jefa y yo.

-Creo que el Banco solo permite poner decoraciones corporativas. A ver si nos dicen algo por el árbol.

El comentario me resultó un "dejà vu" como dicen los franceses. Algo similar me dijo el año pasado.

-¡Pues falta el Belén! -le respondí- Y precisamente en este año de mierda creo que hay que continuar con nuestras tradiciones, aunque no sean las del Banco.


                  


Roque se retorció un poco su barba descuidada y dijo:

-¡Tienes razón! Pon lo que quieras. Somos una oficina dejada de la mano de Dios. Nadie va a pasar por aquí para decirnos que quitemos "nuestra" decoración.



Así que en medio de estas fiestas tan diferentes intentamos poner algo de color en nuestra oficina "decadente". Nuestros clientes de toda la vida ven que seguimos con nuestras rutinas aunque alrededor todo cambie. 

Nos bombardean mensajes siniestros que no invitan a la tranquilidad. Los autobuses llevan ahora carteles diciendo que si no ventilas envías a tu mujer a la UCI o si el nieto sale con los amigos va a matar a la abuela. Desde muchos estamentos políticos, médicos, sociales, intentan convencernos a todos de que somos una bomba virulenta en potencia, últimos responsables de esta situación. La vacuna es el monotema de telediarios y debates. Las familias a veces se distancian por la diferente forma de ver esta situación.


Si hace un año nos dicen que iba a pasar todo esto no lo hubiéramos creído. Por eso yo quiero seguir con algunas rutinas estas Navidades. Algunas "ventajas" tiene esta situación pandémica. He visto muchos belenes sin colas como las de otros años y he callejeado por mi ciudad mirándola con nuevos ojos. He visitado museos pequeños disfrutando de pasear sola y en silencio contemplando cosas bellas.



No tendré que esforzarme mucho en la cena de Navidad porque seremos muy pocos. Tampoco me ha tocado el "marrón" de organizar la comida navideña de la sucursal con montones de antiguos compañeros. No tengo ya que besar a clientes o conocidos que no me aportaban nada. Y, a veces, hasta agradezco que la detestable mascarilla oculte mi cara de cansancio y aburrimiento ante determinados clientes "tóxicos".

¡Feliz Navidad a todos!  Buscad aspectos positivos en la vida. Es la única forma de no hundirnos en la tristeza.