viernes, 13 de marzo de 2026

Pintura, lectura, museos, vagancia

Ayer me encontré con una vecina jubilada al salir del bloque. Nos pusimos al día. Su hija vive en la misma calle que mi hijo. Son de los pocos jóvenes que han conseguido vivir independientes hoy en día. Después de coincidir en lo contentos que estaban nuestros chicos me dijo que venía de la Universidad. Estaba estudiando historia o filología, no me quedó claro. Y además había escrito algunos libros que vende a través de Internet. Le pedí los títulos para encargarlos y leerlos. Quizá estén mejor que algunos premios Planeta. Por lo que me contó se documenta mucho y sitúa históricamente a sus personajes.

Admiro a la gente de mi edad que va a la Universidad, o a la escuela de idiomas. Yo acabé mi carrera pensando lo rollo que había sido estudiar. Era muy responsable y en esos cinco años me dedicaba prioritariamente al estudio. Y era duro estudiar tanto. Los exámenes me ponían en un estado de nervios superlativo. La espera de las notas cuando tenía dudas de cómo había hecho la prueba, era otro duro trance.

En fin, que para pasarlo mal, mejor trabajar. Al menos pagaban. Y debo decir que mis años laborales fueron más satisfactorios que los universitarios. Puedo decir que disfruté bastante de mis años de empleada de Banca. Ahora ni se me ocurre volver a las aulas y tener que estudiar para pasar un examen. Ya no tengo ni ganas ni memoria.

Me gusta estar en mi casa a mi aire, no tener que madrugar, pasear tranquila, leer una novela con calma, ir a algún museo, decidir qué pintar en mi próximo cuadro...

Hay días en que no programo nada y hago lo que surge. Lo de no hacer absolutamente nada no está en mi genética, aunque me estoy acostumbrando a cierta dosis de "vagancia" y creo que es bueno para la salud. Estar ocioso es otra forma de encuentro con uno mismo, sin el martilleo de ocupaciones constantes. Suerte que algunos nos lo podemos permitir.

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