lunes, 11 de mayo de 2026

¿Nido vacío?

 Creo que todos hemos oído hablar de ese "síndrome", el nido vacío. Cómo nos gusta poner nombres a las penitas que nos pueden sobrevenir a lo largo de la vida (Depresión post parto, depresión post vacacional, trabajador "quemado", síndrome del jubilado...) Si tu tristeza  tiene un nombre parece que es mucho más importante lo que le pasa a uno, y da mucho relumbrón dar un toque científico a una situación cotidiana. Aunque se corre el peligro de exagerar y hacer crónica una situación pasajera que se ha de asumir.

Yo iba a lo del "nido vacío" que es lo que me ha tocado. Una de mis hermanas estaba bastante feliz de tener a sus hijas fuera de la casa y me auguraba que yo estaría bien. 

Primero se marchó mi hijo. A los dos años mi hija. Debo decir que estoy muy bien. Ha sido un proceso natural y no he sentido pena. Afortunadamente todos estamos en el mismo barrio y eso es muy distinto a tener hijos en Estados Unidos o en Nueva Zelanda. Si se me hubieran marchado tan lejos seguro que estaría lamentándome y llorando cada noche. Imagino que hay grados en el "nido vacío". Como yo  tengo a mis retoños a tiro de piedra no sufro.


"Sufro" porque el nido no se ha quedado tan vacío. Quedan ropas, libros, apuntes, pintauñas, juguetes de hace años... Me dice otra de mis hermanas que se lo ponga en cajas y si no se lo llevan, que lo tire. Que eso hizo su suegra a su marido al día siguiente de su marcha de la casa familiar. Yo podría ser así de "madrastrona", pero tengo a mi vera a un "súper padre" que revisa cualquier objeto mínimo de sus hijos que yo he pensado lanzar a la basura. Un diploma infantil, una cartulina con cuatro garabatos, un peluche con pelotillas, unos llaveros feos y polvorientos... Para mi marido todo lo de sus hijos es valioso, como una reliquia de un santo patrón para su monasterio.

Mira, remira, sopesa y... guarda casi todo. Incluso aunque mis hijos digan "¡Tira eso!" él intenta que lo valoren nuevamente, que cambien de opinión. Así que el nido apenas se vacía de lo material.

Lo que sí me gusta cuidar es un bonsai heredado de mi hijo. Se niega a llevárselo a su casa porque dice que está acostumbrado a este hábitat. Lo considero mi "mascota" vegetal. Riego a "bonsaicito" con mimo por la mañana y por la noche Y me encanta el olor del musgo que me recuerda a mis paseos por el bosque.

Voy poco a poco. He conseguido que mi marido quitara un mosquitero horroroso de la habitación de mi hija. Ella tenía terror a cualquier bicho y el dichoso mosquitero hacía que la habitación pareciera una celda. Me dio una gran alegría ver la ventana despejada.

También hemos pintado en dos fines de semana las habitaciones de los "niños" y hemos cubierto con color blanco el rosita y azul pálidos que eligieron en su día cada uno. Veo las habitaciones más luminosas, más limpias. Pero cuando vienen sus antiguos propietarios me chinchan y, haciendo unas muecas de pena ficticias dicen:

-"Con lo mona que estaba antes la habitación... El blanco es muy soso"

Voy con tranquilidad vaciando estos dos nidos, porque tengo que consensuar demasiado con el "súper padre". Quizá el nido se vaya vaciando, pero el trastero se va a saturar.


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