sábado, 9 de mayo de 2020

Sucursal abierta en estado de alarma

He estado quince días trabajando presencialmente en una oficina del Banco. Desde "Recursos humanos" hacen equipos con gente de distintas oficinas que se aglutinan en una de mayor tamaño. Los equipos rotan cada quince días. Se alterna trabajo en casa y presencial. A mí ya me dejaron un portátil a la semana del comienzo de esta pesadilla  para que trabajara desde casa, aunque la realidad es que hago menos que cuando trabajaba atendiendo a público de carne y hueso.

Mi experiencia en esta nueva oficina ha sido estupenda. Volver a poner el despertador, aunque al principio me costara, ha sido liberador. Vestirme con algo que no fuera ropa de estar por casa, entrar en el metro a diario, charlar con compañeros y clientes aunque sea a dos metros de distancia... Eso no ha tenido precio.

Los Bancos hemos estado abiertos -con restricciones- desde el comienzo de esta larga cuarentena. Los empleados estamos acostumbrados a que la sociedad no nos valore como valora a sanitarios, a empleados de la limpieza y de supermercados, a policía, a ejército. A nosotros nadie nos aplaude ni nos aplaudirá. También estamos en primera línea para que algunos -minoría, es cierto- nos sigan poniendo a caldo.

En el banco, a pesar de la pandemia, seguimos recibiendo clientela que va a quejarse y a reclamar. Incluso en las colas que se forman fuera (tenemos aforo limitado) se organiza algún guirigay que yo jamás he percibido en las silenciosas colas de mi barrio para acceder al supermercado. Quizá la diferencia estribe en que el 90% de la clientela de esa oficina en la que he estado es de ancianos.

¿Pero los ancianos no son población de riesgo? ¿No deberían estar en casa recluidos más que nadie? ¿No es verdad que todo este sacrificio mayoritario se hace para no colapsar las urgencias y para proteger a nuestros mayores, esos que nos han dado todo lo que ahora tenemos y se han sacrificado por nosotros, y superaron una dura posguerra?

Ayer, a falta de guardia de seguridad, que infunde más respeto, me tocó a mí organizar el "tráfico". Podían estar tres o cuatro personas dentro, en función de quien les fuera a atender. Yo salía a la calle e iba preguntando lo que querían hacer para irles pasando a otros puestos si no era tema de ventanilla.

Ya en la acera alguno se adelantaba y se aproximaba demasiado a mí con el consabido:

-Sólo le quiero hacer una preguntita.

Lo habéis adivinado. Solía ser alguien mayor. Lógicamente los jóvenes le decían:

-¿No ve que la señorita va preguntando por orden? Espere su turno.

-Sólo es una pregunta -insistía cabezón- Necesito que me cambien 50 eur.

-Mire señor, eso no se considera urgente y no se lo vamos a cambiar -le respondo ya para que nos deje en paz a todos- Si quiere saque en el cajero 10 o 20 eur.

El hombre sigue refunfuñando pero no le hago caso y sigo mi ruta.

-Señorita, yo quiero sacar dinero- me dice otra octogenaria- Aquí hay corriente, me va mal para los huesos y además llevo bastón. ¿No podría pasar y sentarme a esperar?

-Señora, si tiene tarjeta puede sacar ya el dinero y volver a su casa.

Pero la señora no tiene tarjeta. Ha roto la que el Banco le envió para esta situación de emergencia. Se ha negado a que los compañeros le enseñaran a usarla. Ella quiere seguir yendo al Banco, precisamente en los días y horas de mayor afluencia. Pues lo siento, ya no me compadezco ni del frío ni de su bastón. Que espere como probablemente espera en el súper sin chistar.

He organizado bastante bien la cola y se va aligerando poco a poco. Me siento por fin en mi puesto para atender. Me llega otro anciano con un asunto totalmente irrelevante: le ha llegado una información generalista sobre un fondo de inversión y quiere una explicación. Una estupenda excusa para salir de casa fuera de su horario de paseo. Me dice que conoce al director de la oficina en la que estoy. Acudo a él. No vaya a meter la pata y sea un cliente a los que hay que hacer la pelota aunque sean unos pesados. Cuando les digo el nombre...



-¡No me lo puedo creer! Viene todos los días a preguntar tonterías-

Eso dicen a coro el director y otra compañera que en ese momento está junto a él. Consigo trasladarle la explicación breve que me da el director -que hoy no tiene ninguna gana de verle nuevamente- y se marcha diciendo ¡que volverá otro día con más calma!

Esta es una oficina de las nuevas, con horario reducido de caja hasta las 11.00. Así que, a esa hora, salgo nuevamente para avisar que los que están en la cola pasarán todos y que si viene alguien nuevo ya no se le harán operaciones de efectivo. El último de la cola, un joven con un mono de trabajo me dice.

-No te preocupes, yo se lo voy diciendo a los nuevos que lleguen.

Pasa un tiempo, a las 11:15 atendemos al joven del mono. Me confirma que ha dado el mensaje a los que se han puesto en la cola tras él. Da lo mismo, entran piando que quieren dinero, que estaban en la cola antes de las once -mienten por si cuela- y que es muy urgente llevarse dinero.

Por suerte la ventanillera sabe como lidiar con ellos y no da su brazo a torcer. Tendrán que volver otro día antes de las once. 

A las doce aparece una nueva viejecita con su nieto de unos veinte añitos. Muy tierno todo: abuela  y nieto acompañante. No sé si será legal porque intuyo que el nieto no vive con la abuela. ¿Podría contagiarla?¿Es una imprudencia? ¿Es fundamental para ella ir al Banco y al ser persona dependiente necesita ayuda? Ni lo sé ni me importa. Afortunadamente no soy policía de balcón.

Doña Esther Nura habla con la directora de su oficina, que está ahora allí, como yo, como otros empleados de "aluvión" en representación de cada una de nuestras sucursales, para que nuestra clientela tenga alguna referencia cercana.

Doña Esther lo consigue. Se lleva 2.000 Eur a las 12:15, fuera de la hora de caja. Ha embaucado a su directora y a Lía, la cajera.

-Lía, te estás ablandando, al final has pagado a Doña Esther- le digo entre risas.

-Me ha dado pena, con su bastón... Era para evitar que saliera mañana de casa. Necesitaba el dinero para sus nietos.

No doy crédito, la verdad. Se supone que el Banco ahora mismo está para temas urgentes. No para sacar dinero para las propinas de unos nietos que, desde luego, no tienen ninguna necesidad perentoria. Las propinas pueden esperar, igual que han esperado los cortes de pelo, o van a esperar los baños en las playas o las tardes en el centro comercial. 

No sé. ¿Soy muy dura con los ancianos? Muchos hacen de la visita al Banco su rutina diaria: supermercado, farmacia, banco, paseo. 



Y lo que me fastidia luego es que desde la radio, televisión, periódicos, pongan imágenes de las horas en que salimos paseantes y deportistas (muchos de ellos ciertamente, no han corrido jamás ni para coger el autobús, y se aficionan ahora) y critiquen que estamos muy cerca unos de otros, que hay mucha gente, que no se lleva mascarilla. La conclusión es que si hay un rebrote será por nuestra culpa, por no gestionar bien nuestras salidas al aire libre.

Muchos sanitarios también critican estas salidas augurando un horrible repunte. Pero yo les he visto en multitud de fotos pegados unos a otros. Se ve que las distancias de seguridad son muy elásticas.

Todos estos criticones que se pasen por los supermercados y por los Bancos, a ver donde hay más peligro, si entre cuatro paredes con ventilación artificial o paseando al sol y al aire libre.

Sé que el virus es muy grave, que los sanitarios se han desvivido, pero no podemos vivir permanentemente en el encierro. Somos mayores de edad, responsables, y tenemos que convivir con el virus sin renunciar a nuestra vida.

7 comentarios:

  1. Hola Zarzamora, entiendo tu indignación porque yo también la he vivido y he visto, desde mi balcón sin ser policía, que hay gente que se lo toma todo a.. El tema de los ancianos crispa. Al principio veía cada día a la misma mujer con su carrito de ida y vuelta, y me cabreaba. Pero luego comencé a pensar varias cosas. Los ancianos tienen unas rutinas y unas costumbres que ya no van a cambiar ni nadie les va a hacer cambiar. Esto es así. Dependerá de la edad de cada uno y de su nivel cognitivo. Hay gente que está aparentemente bien pero en realidad van camino de una demencia senil y eso se nota en esas costumbres que no son capaces de modificar. Sus vidas se han reducido a ir a la compra, al banco, a la farmacia,... y no entienden de horarios. A eso hay que unirle que muchos viven solos. Mi madre, por ejemplo, tenía que ir todos los días a comprar, lo que fuera. Muchas veces le miraba en el frigorífico y me encontraba un par de merluzas, dos bolsas con medio kilo de sardinas,... que por supuesto se le estropeaba. A eso había que unirle que mi hermana y yo le llevábamos comida preparada y casera para toda la semana pero ella no se conformaba, ella tenía que hacer sus platos y sus comidas, y a veces lo que le hacíamos nosotras, se le estropeaba. Te aseguro que mi madre estaba aparentemente normal y bien, pero no. Ya tenía desfases y encima su vida siempre había sido esa, ir a comprar y la casa. Pues a los abuelos de tu banco seguramente les pasa igual. Y cuando veo esas cosas y me cabreo, cuando veía esas cosas en mi madre y me cabreaba, porque la mujer salía a comprar cada dos por tres aunque no le hiciera falta, lloviera, hiciera calor o tronara, me paraba a pensar un momento en cómo podría ser yo en su lugar, y me convencía diciendo que seguramente a mí, llegado el caso, me pasará igual o similar. La vejez es una mierda.
    Por otra parte, hay mucha gente que está y ha estado en primera línea y no se la tiene en cuenta. Los trabajadores de los bancos, los barrenderos, la gente que trabaja en las residencias de ancianos,... A estos tampoco se les aplaude por las tardes, que, por cierto, no sé en tu zona, pero por la mía ya se nota mucho cansancio en esto de aplaudir a las 8. Yo misma me siento que lo hago algo más desganada que el mes pasado pero, por otra parte, siento que es necesario. Mi aplauso no va a salvar vidas pero lo mismo infunde ánimos y alienta. Es horroroso lo que estamos viviendo y no podemos dejar de pensar en el estrago que causa este virus porque las cifras de fallecidos bajen. Y esa es otra, ya nos estamos acostumbrando a decir "Ah, pues 179 fallecidos no es mucho". Hombre,... para las 179 familias es una barbaridad y para la sociedad también debería serlo. Que ya no son los 900 de hace un mes, vale, pero no frivolicemos con las cifras.

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  2. Y ya por último. Tu frase "Somos mayores de edad, responsables,...". Efectivamente somos mayores de edad. Lo de responsables es otra cuestión. Responsable eres tú y los que actuamos como tú. Llevo desde el 13 de marzo sin pisar la calle, literal. No salgo porque no tengo necesidad, ni de correr, porque nunca he corrido, y de nada. En casa, sale mi marido a la compra o bien la hago por Internet... Pero no somos responsables Zarzamora, no todo el mundo lo es. Algunos no lo son porque a su edad ya no saben serlo, y otros porque todo el importa una leche. Probablemente, si el nivel de responsabilidad de este país se pudiera medir, el porcetaje de gente que lo hace bien sería muy alto. Sin embargo, esa minoría que lo hace mal es un peligro porque su irresponsabilidad nos afecta a todos y nos puede repercutir. Esto no es como el que está resfriado sale a la calle sin abrigarse en pleno invierno. Anda y que le den, que haga con su vida lo que quiera. Si pilla una pulmonía es asunto suyo. Esto es otra cuestión. Porque el que sale a la calle actuando irresponsablemente, puede llegar a afectarte a ti, que lo haces bien y estás saliendo a trabajar por los demás.

    En fin, que vaya parrafada te he largado. Será que me levanté parlanchina. Lo siento. Que tengas un buen día. Saludos

    (He tenido que dividir el mensaje en dos porque no me dejaba en uno solo jejeje. Discúlpame, por favor)

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    1. Gracias por tus palabras. De verdad que me hacen ver a los ancianos de otra manera. Gracias por compartir tu experiencia personal. A veces hay que ponerse en la piel del otro para juzgar con acierto. Cada uno desde su situación ve las cosas de una manera y es complicado ser equitativo. Un abrazo.

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  3. Hola, querida Zarzamora. A mi entender, el problema está en que los idiotas y los responsables no han desaparecido con el confinamiento; siguen ahí. No son ni más ni menos de los que había antes, solo que ahora se les ve más, destacan.
    Coincido con mi tocaya en que, por desgracia, no todos somos responsables. Pero también coincido contigo en que somos mayores de edad, para lo bueno y para lo malo, y muchos problemas se podrían solucionar con esos test "inalcanzables" que tanto han ayudado en otros países y que, todavía no entiendo porqué, llegan tarde, mal y nunca.
    Pero no es este el lugar para desahogar mis frustraciones. Simplemente quiero que sepas que entiendo tu cabreo, pero, por desgracia, nos toca pelear contra la irresponsabilidad de unos y la incompetencia de otros. Ánimo, nada dura eternamente.

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  4. Ay los abuelos! Pero qué lata damos. Me incluyo porque ya entro de lleno en la edad. De momento tengo consciencia de ello y procuro evitarlo. El mejor, el McArthur, No me atendéis pero VOLVERÉ. Cuando salgo a la terraza a aplaudir (que ya me canso) gritaré "Por los bancarios - as y zarzamoras en general". Por cierto en nuestro cuadrilátero interior se hace con banderas e himno nacional, felicitación a los que cumplen años, menuda parafernalia.

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    1. Yo también me canso ya de aplaudir y creo que no soy la única. Pensábamos que los aplausos serían para 15 días. Empezamos de noche y ahora tenemos que bajar el toldo para que no nos ciegue el sol. Un abrazo y paciencia.

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  5. Esta situación nos ha pillado de nuevas a todos y con el paso de los días, y al igual que se ha incrementado el hastío de días encerrados con nuestras rutinas que ya van resultando tediosas, también se ha intensificado la impaciencia con el prójimo. Yo intento ponerme en diversas situaciones ajenas a mi, pero es cierto que los imbéciles de siempre lo seguirán siendo con pandemia o sin pandemia. Es más, creo que están saliendo a la luz los que disimulaban.
    Un abrazo.

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