lunes, 24 de agosto de 2020

No es normal

Éste está siendo un verano atípico, incluso para los que no teletrabajamos y tenemos que madrugar cada día y desplazarnos en autobús o metro hasta el lugar de trabajo.

Después de ajustar las vacaciones, el banco decidió cerrar muchas oficinas durante este mes de agosto "por vacaciones". Al igual que en los momentos duros de la epidemia, los clientes se han encontrado carteles que les derivan a otras oficinas cercanas.

Cuando volví de mi semana de vacaciones fui a trabajar a la sucursal "de referencia". Ya había un empleado de ventanilla  y yo realizaba otras tareas. Estaba relajada, a gusto. Me duró poco esta alegría. Tres días.

Mi jefe recibió un correo con copia a un montón de jefes más jefes aún, requiriendo mis servicios para un trabajo "muy especial" que debía hacerse sin demora.

Así que estoy en otro centro, más tranquila aún porque no tengo que atender a clientes. Realizo tareas minuciosas y rutinarias en relación con un listado de cuentas que dependen de un organismo oficial. Compruebo que las cuentas están "vivas", que los intervinientes están correctamente incluidos y los poderes en vigor, corrijo errores...

Son un conjunto de cuentas que hay que tener bien organizadas porque de ello depende que nos traigan más recursos de la competencia. Mi jefa actual es un encanto. Duda de que lo vayamos a terminar a tiempo. Se quejaba.

-Claro, me dicen que ya no tengo excusa para no vender, que me han puesto a una persona para hacer esta tarea -esa persona soy yo- pero hay mucha casuística. Si lo queremos hacer bien yo también tengo que trabajar en ello porque conozco el asunto a fondo.

Las dos estamos trabajando codo con codo y con eficacia. Haciendo bien esta tarea el Banco puede ganar mucho dinero en un futuro próximo, pero a Adela Antada le piden el cortísimo plazo, la venta ya. De lo que sea, a quien sea, como sea.

La directora de área está de vacaciones. Está tan trastornada que cada dos días se conecta desde donde esté para tirar de las orejas a los empleados que trabajamos en agosto si no hemos vendido lo que ella desea. Esto no había sucedido ningún otro verano. Este es diferente y no solo es culpa del virus.

Hay mucho mediocre con un cargo que parece algo, con ínfulas de poder. Y en estos momentos de crisis son "trabajos" que no sirven de mucho, carentes de contenido. Estos mandos intermedios indeseables notan que la tierra tiembla bajo su sillón. E intentan forzar la máquina y cargarse de medallas incluso en vacaciones.


5 comentarios:

  1. Eso de vender, me ha chocado. Los bancos te "administran" el dinero, te conceden hipotecas, te asesoran que inviertas aquí, allá o acullá. Pero vender... Digo yo que si en estos momentos tan especiales, han montado inmobiliarias y tienes que vender pisos... fruterías y vendes cebollas y aguacatitos... En fin, no sé.

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    1. Sí, es absurdo llamarlo venta. Se me ha contagiado porque mis "líderes" siempre hablan de "productos" y "venta". Pero chirría mucho en este sector. Un abrazo.

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  2. Has nombrado la frase clave de todo: un mediocre con cargo. Ahí tienes la explicación de todo lo que tenemos encima. En fin, a resistir hasta que desaparezcan, porque confío en que no pueden durar mucho... ¿no? Abrazos.

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  3. He estado un poco " alejada " de tu blog por diversas razones,pero prometo reiniciar el contacto y ser más fiel.

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  4. Tus historias siguen siendo muy simpáticas y amenas.
    Te leemos con mucho interés.

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