miércoles, 18 de julio de 2018

El cementerio de los expedientes olvidados

Parafraseando a Ruiz Zafón, que  en su libro "La sombra del viento" hablaba de "el cementerio de los libros olvidados", diré que en mi sucursal tenemos un "cementerio de los expedientes olvidados"



Bajo la gran sala que el público ve, hay unos amplios sótanos que favorecen la acumulación de carpetas viejas e inútiles. Son de cartón gris, sujetas con cintas blancas, con nombres primorosamente escritos con rotulador en una época lejana en que había bastante más personal y tiempo de sobra para etiquetar con excelente caligrafía cada expediente.

No me gusta mucho bajar al subsuelo y menos desde que mi compañero Claudio, en broma, habla de "la presencia". Ahí todo está oscuro y hay que ir encendiendo sucesivamente varios interruptores. A veces voy un poco predispuesta a tener miedo y me asusto con solo oír el zumbido del fluorescente.

Un día Claudio pretendió asustarme. Se escondió en un recoveco oscuro por el que pensaba que yo iba a pasar. Sin embargo yo tomé otro camino -estos archivos son muy grandes y con varias rutas alternativas-. Me encontré con una figura delante de mí, a la que veía borrosamente la espalda. Yo grité. Él gritó al oírme porque no esperaba mi aparición por detrás.

En fin, nos asustamos los dos y luego tuvimos risas una buena temporada a cuenta del sobresalto mutuo.

El verano pasado Lupe y yo hicimos una buena limpieza en ese archivo siniestro. Yo iba leyendo nombres y era como leer inscripciones de lápidas de cementerio. Luis González: muerto, Dorotea Pérez: muerta, Leandro Zabala: muerto.

Sus carpetas, como pequeños féretros de cartulina, contienen el detalle de su vida bancaria: deudas, inversiones, fotocopia de un antiguo DNI, un contrato de trabajo escrito a máquina, una copia de nómina calcada en papel de seda, el logo de aquel Banco que existió y ya nadie recuerda, tragado por sucesivas fusiones o absorciones. 

Todo desaparece dentro de un osario: la enorme caja de cartón etiquetada como "Documentos para destruir"

Con cada nombre me vienen ráfagas de recuerdos difusos de aquellos clientes desaparecidos, ya maduros cuando yo los conocí, que se interesaban por mis embarazos y me preguntaban por mis bebés, que toleraban la inexperiencia de mis comienzos laborales, que me contaban retazos de su vida.

Me doy cuenta de que el tiempo pasa para todos, que muchos clientes de los que conocí al llegar a esta oficina ya son polvo. Polvo parecido al que impregna estos expedientes que ya no interesan a nadie.

Para Lupe, más joven, más nueva en el Banco, son solamente un nombre. A mi me recuerdan mis comienzos, la Zarzamora joven que llegó a esta oficina, que ha visto ir y venir -incluso morir- a compañeros de trabajo. Todo cambia a mi alrededor, pero pasan los años y yo sigo aquí,custodiando un cementerio de expedientes olvidados que, seguramente este verano, desaparezca con la última y drástica limpieza que haremos mi jefa y yo.

11 comentarios:

  1. Una sensación parecida tengo yo cuando me toca poner en orden mis "papelotes". Yo lo guardo todo: entradas de conciertos, tarjetas de restaurantes, folletos turísticos, posavasos, tarjetas telefónicas, billetes de metro y autobús, y todo lleno de recuerdos. ¡Qué drama cuando tengo que "expurgarlos". En estas pequeñas cosas es donde soy más consciente de cómo pasa el tiempo. Abrazos.

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    1. Cómo me recuerdas a mi marido! También es un guardón. Un abrazo

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    2. Jijijiji, "guardón", me gusta, mucho más que friki ;D

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  2. En mi despacho tambien existe algo parecido. Y a mi me pasa algo muy curioso.
    Llevo 10 años en mi puesto de trabajo: recepcionista-secretaria-administrativa-chicaparatodo-comodin-imprescindibleyanónima.
    Cada vez que vuelvo de vacaciones, ya sean de 2 días por un puente, semana santa y/o verano... al regresar, ojeo la agenda de los días que no he estado, más por curiosidad o manía, siempre lo hago. Y SIEMPRE hay un señalamiento que reza: Tanatorio Sr. Tal y Pascual, entierro Sr. Tal...
    Como?? Me pillo unos disgustos!
    Es lo que tu dices, has tratado con ellos, has mantenido conversaciones triviales, pero sinceras, has sido amables con ellos, y por Navidad, quizá, te habían traído bombones. Vuelves de vaciones y ya no están, se acabó. No los volverás a ver...
    Qué tristeza...
    En fin, que te mando un abrazo Zarzamora!

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    1. Sí, me identifico totalmente con lo que cuentas. Se me van muriendo clientes que han sido amables con todos y de verdad que sientes la pérdida. Un abrazo y gracias por pasarte por mi blog.

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  3. Ayyyyy Empiezas a recordar cosas y tiempos. Malo. Tengo la sensación que eres una persona que se está haciendo algo mayor. Lo mismo veo en los que te comentan. No me hables de cementerios que no paro de ir a ver cómo hacen fosfatina a colegas. Pero ... que bonito y sedante es recordar cosas y gentes. Es lo que nos queda. Belcebú

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  4. Tal como lo planetas, hasta da un poco de pena. Qué loco que en vida nos podamos deshacer tan fácil de los trastos y rastros de una persona, y sin embargo cuando esa persona muere hasta el más tonto de sus detalles lo conservamos como un pequeño tesoro.
    Te dejo un abrazo, Zarzamora.

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    1. Es lo que tienen las cosas, que aveces te despiertan sentimientos, nostalgias... Un abrazo.

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  5. ¿Qué somos sino polvo y cúmulo de recuerdos?
    Tonto es el que piensa que vivirá eternamente junto a sus posesiones terrenas.
    Me has imbuido de cierta tristeza al recordar a mi padre fallecido recientemente y las cosas que me legó. Cosas, que ya tienen una patina de valor incalculable por los recuerdos que me traen de su persona.
    Un abrazo.

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    1. Imagino que es bueno conservar cosas, fotos, que nos faciliten el recuerdo de los seres queridos. Ánimo y un abrazo.

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