martes, 1 de agosto de 2017

Te han engañado

De vez en cuando viene a mi oficina bancaria una compañera de Universidad, Marifé Cansado. Me enteré de que era de mi promoción cuando coincidí con ella en uno de esos aniversarios masivos a los que se va para reencontrarse con compañeros, saber de su vida, y comparar si  el paso de los años les ha deteriorado más o menos que a uno mismo.

Entre canapé y canapé nos vimos y descubrimos que nos conocíamos de algo.

-¿Tú eres la que me atiende en la sucursal? -me preguntó.

-La misma. Ya decía yo que tu cara me sonaba. Hemos pasado cinco años en la Universidad en distintas clases, sin conocernos, y ahora nos enteramos de que hemos sido compañeras.

A raíz de este encuentro casual, cuando aparece por el Banco, hablamos un poco más y nos mostramos mutuamente trocitos de nuestro recorrido vital.

Hoy me he enterado de que trabajó durante unos cuantos años en mi Banco en tareas más "importantes" que las mías. Pertenecía al departamento de marketing y era de las que "azuzaba" a la plantilla de oficinas para que vendiera esto o lo otro. Según Marifé, ella había estado cierto tiempo al otro lado de las trincheras, vendiendo y, cuando exigía, era porque sabía que se podía hacer.

Sí, ella también había sido exprimida y el miedo y la presión la impulsaban a vender más, alargar la jornada, cumplir objetivos. Ascendió y fue ella la que exigía al prójimo, convencida de que la exigencia sin fin era lo único que conseguía que los comerciales no se durmieran en los laureles, no se acomodaran en su "zona de confort" como dicen ahora los modernos.

-Nos han engañado a las mujeres de nuestra generación - me dice Marifé Cansado en un arranque de sinceridad, pero no de arrepentimiento- Hemos cargado con casi todas las tareas del hogar, hemos trabajado tanto o más que los hombres... Desde los 23 años no sé lo que es tener una tarde libre, siempre he salido de la oficina a las siete de la tarde o más, incluso los viernes.

Recuerdo entonces en voz alta cómo en la facultad algunos profesores nos hablaban de ambiciones profesionales, esfuerzo, progreso, expectativas. Nuestro éxito implicaba ir ascendiendo, no conformarse, ganar dinero, asumir sacrificios por la empresa, considerarla como algo propio aunque fuéramos asalariados.

Y ahí queda el recuerdo, entre las dos, como un ideal absurdo que Marifé hizo suyo. Aún no sé si lamenta haberse subido a ese carro.

-Me voy mañana de vacaciones y tengo aún montones de temas pendientes. Estoy histérica -me dice mientras guarda en el bolso las libras que encargó.

Y en ese momento la veo cansada, más vieja que yo, aunque somos de la misma hornada generacional. Padece lo que ahora se ha bautizado como "síndrome pre-vacacional". El trabajador no quiere dejar nada pendiente antes de irse de vacaciones -muchas veces pensando en los compañeros que se quedan- y se trabaja aún más de lo habitual. Se comienzan las vacaciones en un estado de agotamiento total.

-Procura olvidarte y descansar -le recomiendo, aunque sé que es difícil; yo también a veces he pasado por esto.

-No sé, no puedo. Siempre me llaman por teléfono si en vacaciones hay algún problema. 

Ella ahora trabaja en una empresa cercana a mi oficina. Cambió para "mejorar", pero parece que solo ha mejorado el salario, no la calidad de vida.

Marifé nunca ha recogido a sus niños del colegio, ni ha estado en el parque charlando con mamás y papás mientras los críos corretean en grupo, ni ha tenido tiempo de inventar cuentos en que los hijos son protagonistas y contárselos hasta que se duermen.

Pero ganaba muy buen sueldo. Los hijos iban en ruta a colegios privados. Recibían clases de música y natación. En verano viajaban al extranjero para su inmersión en inglés. La familia cambiaba de coche y de casa. La aspiración de alguien de éxito es tener un chalet. Lo consiguió: chalet en medio de la nada, con necesidad de ir en coche hasta para comprar el pan. Los chicos no han salido especialmente brillantes, pero el inglés lo dominan. Irán a Estados Unidos, allí el sistema educativo es distinto y seguramente vuelvan con un buen expediente, imposible de conseguir en España con sus capacidades. Es un dineral tenerles allí, pero para eso trabaja tanto y tiene un buen sueldo. Todo sea por la educación de unos hijos a los que apenas ha visto.


Los hijos de Marifé están ya muy metidos en la rueda maléfica que machaca a tantos de mi generación: ambiciones, trabajo, dinero, dinero y dinero. Pero veo a mis hijos y a muchos otros de los llamados Millennials y creo que quieren otro mundo, otra forma de trabajar y una vida más plena. Y quizá eso no dependa tanto del dinero. Por favor, que no os engañen como a los de las generaciones anteriores.

4 comentarios:

  1. Creo que dices muchas verdades, pero no todo es cuestión de engaños; también muchos se han dejado engañar. No sé si es el caso de tu amiga, pero hay a quien le gusta cierta posición social y está dispuesta a pagar el precio. A veces podemos elegir, y más a menudo de lo que creemos. Abrazos.

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  2. Estoy de acuerdo con lo de la posición social y el aparentar. Eso les va a muchos. Saludos.

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  3. Hay algo de cierto en lo último que dices: no sé si será coincidencia o no, pero esta generación privilegia la calidad de vida (entiéndase tener tiempo para sí y ser feliz consigo mismo) antes que aferrarse a un trabajo e ir escalando a lo bestia.

    Saludos y saludes.

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    1. Ojalá consigais un mundo mejor. Un abrazo

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