domingo, 12 de febrero de 2017

El "coach" en la empresa

Acabo de terminar un libro que encargué a mi librero del barrio hace poco. Había leído una reseña en el periódico sobre "La gran ola" de Daniel Ruiz García. "Lúcida sátira sobre el mundo empresarial", decían de la obra, y decidí que tenía que leerla, a ver si encontraba coincidencias con mi vida laboral o con la de mis compañeros.

El libro lo he leído de un tirón y eso es buena señal. El sector en que se mueven los protagonistas es una empresa de productos de limpieza y, todos son unos pobres hombres, con muchas más sombras que luces: bebedores, puteros, machistas... Quizá el trabajo y los objetivos, las mediciones constantes, las comparaciones con el resto, el crecimiento por encima de todo, el vivir para la empresa, les hayan convertido en seres un poco despreciables, pero algo ya tenían de serie.

Lo mejor del libro es la crítica ácida al "coach" de la empresa y, en general a todos esos asesores que intentan instalar el positivismo en los empleados a toda costa.

"La puta positividad, con sus bonitos amaneceres de power point y sus frase "new age" y su filosofía de vídeo de dos minutos bajado de "you tube". Aquello era un trabajo, solo un trabajo, pero todo el empeño de Estabile era mezclar trabajo y vida, sustituir vida por trabajo, convertir la vida en trabajo y, encima, hacer de aquello algo feliz"

Cada día, cuando yo abro el ordenador del Banco,  en la primera pantalla siempre hay una frase "bonita" de esas que ponen en algunos calendarios y agendas. Frases  que la gente copia en su estado de Whatsapp o que expande a través de Twiter para parecer más interesante y profundo. Para ser estupendo en las redes y aderezarse con una pátina de filosofía barata, de andar por casa.

En mi trabajo también tenemos un "coach" virtual. Yo creo que no lo tenemos en carne y hueso por mera cuestión de costes. Siento no poderos decir nada de él. Es tan difícil acceder a esa página, tengo que pasar por tal batería de claves y contraseñas nuevas y tengo tan poco tiempo, que no sé si nuestro "coach" es similar a Lorenzo Estabile, uno de los protagonistas de esta novela.

Se habla en uno de los capítulos de "team building", iniciativa para reforzar los vínculos entre familias y empresas y afianzar el sentido corporativo. Más claro: hacer una fiestecita para que los empleados lleven a sus parejas y a sus niños y todos interactúen en un ambiente festivo.  Yo opino como uno de los personajes que se pasean por el libro, que "mezclar trabajo y familia es una aberración". Pero la mayor aberración es que desde la empresa te obliguen a hacerlo.

No veo la necesidad de que la empresa te anime a hacer deporte y participar en eventos deportivos decididos por ella. O de que inste a que seas generoso colaborando con parte de tu nómina con ONGs propuestas por el Banco. Para eso tenemos nuestro tiempo libre, para mejorar nuestro físico, para ser caritativos, para cultivar la amistad. Ese tiempo libre que la Banca y muchas otras empresas pretenden escatimarnos.

"En Monsalves -la empresa de la novela-había hora de entrada pero no de salida" Y los jóvenes, la "savia nueva, el músculo" acatan esos horarios sin rechistar. Os transcribo la visión tremendamente corrosiva de la situación de esta juventud universitaria y trabajadora a la que se tiene tan engañada.

" La savia nueva (...) eran un hatajo de encorbatados, en su mayor parte licenciados y posgraduados, no pocos con dominio solvente de un segundo e incluso un tercer idioma y con nóminas por lo general más propias de un repartidor de pizzas, en el mejor de los casos en el umbral del mileurismo, con las pagas extras prorrateadas y con horas extras tan frecuentes como invisibles en el salario (...) Aún así la mayor parte de ellos ignoraba a sus compañeros de fábrica cuando buscaban sitio en el comedor"

En Banca también hay ciertas diferencias: los que trabajan en los Departamentos centrales, con tareas más sosegadas, y la infantería, los empleados de oficinas, todos los días peleando con la clientela y soportando presiones si no se cumplen las cifras y objetivos que ha propuesto el iluminado de turno. 

Young man in depression

Exactamente igual que en la novela. Da igual la antigüedad y la dedicación, cada empleado queda reducido a un número. Vale en tanto cumpla los objetivos. Si la jornada es de ocho horas, mis compañeros dedican diariamente más de dos  a reportar. Primero, con Augusto, el director, que les traspasa su fardo diario de objetivos. A última hora, audio o vídeo conferencias donde el director de área les examina de lo conseguido ¡en el día!. Como en el colegio, va pasando lista para favorecer la competitividad, la envidia, para hundir más a los últimos de la cola. El que no ha hecho nada, espera acongojado su turno y apenas le sale un hilillo de voz cuando dice "yo no tengo nada hoy" Nada que entregar como ofrenda propiciatoria a esos mediocres mediadores que utiliza el gran dios "Banca" y que solo saben hacer números, imprimir estadísticas nuevas cada día y dar consejos vacíos desde su cómodo púlpito alejado de la realidad. Porque ellos nunca han tratado con los clientes.

Quizá el libro exagere un poco cómo son estos preparadores, asesores, "coaches". Habrá de todo, claro. Pero viene bien estar prevenido, alerta y ser crítico con lo que dicen. 

Es gente que vive de contar sus experiencias y dar consejos una y otra vez. Repitiendo lo mismo en distintos auditorios, cobrando por hablar y haciendo recaer el peso de la felicidad, del bienestar, del progreso, únicamente en el individuo. El clásico "si quieres puedes" explotado al máximo para mayor beneficio de una empresa que no pone casi nada de su parte.

Os dejo con unos pensamientos de Gertru, una de las protagonistas, crítica final a muchos de estos cantamañanas.

"Abrazos, sonrisa, frases motivadoras de saldo pescadas en a almadraba de Internet, sé tú mismo, confía en ti, sal de tu zona de confort. Nelson Mandela, Gandhi, Steve Jobs, John Lennon, Bill Gates, Charles Chaplin, Camus, incluso Duchamp -por dios- todos metidos como un gazpacho imposible en le recipiente buenista y "trendy" del nuevo Pensamiento Mágico (...) Ya no te clavan el cuchillo, ahora te ofrecen sesiones de "coaching" para que tú mismo aprendas a introducirlo en tu vientre, así duele menos, así no se grita tanto"

Intento ser optimista, pero a veces me cuesta. No me gustaría parecer "conspiranoica" pero veo tantas presiones, tan poca preocupación por los trabajadores, que pienso que todas las multinacionales y grandes empresas tienen un objetivo común: mantener a los empleados en un estado de alerta constante, mermar sus defensas, su autoestima, hacerles creer, en fin, que si no se llega a los objetivos propuestos, la culpa solamente es del empleado de la sucursal. 

Siglo XXI: las empresas se gestionan desde el miedo y la coacción. ¿Qué clase de directivos de élite tenemos? ¿O es que, quizá, cómodamente instalados en sus burbujas elitistas, no les interesa saber lo que se cuece fuera de las moquetas de sus despachos? ¿Conocen la realidad de sus empresas, el desgaste anímico de su plantilla, la infelicidad, las depresiones, la agonía que, para muchos, supone la llegada del lunes?

3 comentarios:

  1. Buen análisis de la más novedosa estrategia de empresa. La táctica buenista y positivista.
    De lo que no me cabe duda que los empleados están muy escarmentados de todo y como bien dices: Están a la defensiva.
    Antes con unos simples incentivos económicos o de tiempo libre o las horas extras correspondientemente abonadas o una cesta en navidad, era suficiente motivo para que los empleados estuviesen contentos con sus jefes. estamos rizando el rizo y si algo no funciona, la culpa siempre será de los que reman. Los directores y entrenadores serán los que marquen los tiempos y los ritmos.
    Un abrazo.

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    1. Tienes toda la razón con lo del "buenismo". Las empresas no pueden crecer indefinidamente a costa de la salud mental de los trabajadores, que ya no aguantan presiones tan desproporcionadas. Un abrazo.

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  2. Hay tan clichés por todas partes, tanta mala imitación de algo que funcionó una vez nadie sabe dónde ni cuándo, tanta falta de imaginación. Un análisis muy interesante.

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