miércoles, 19 de abril de 2017

Mario es especial

A veces digo que "he heredado a Mario", a sus revistas de pasatiempos y a sus fotocopias con corazones y mensajes de alegría y entusiasmo.

Mario viene a la ventanilla de mi oficina desde hace muchos años, antes de que yo ocupara ese puesto. Siempre se dirigía a la caja y mis antecesores le compraban un librito de pasatiempos para ayudar a una organización de sordos y le sellaban la hoja donde se apiñaban sellos de los más variopintos comercios.

Hay días de mucha tralla en que cuando veo aparecer a Mario pienso, egoístamente, que me viene mal atenderle, que me va a entretener, que ojalá no hubiera entrado por la puerta. Que no tengo tiempo para él y no puedo conversar.

Mario, a veces, sorprende a los clientes. No controla su "voz" y emite unos ruidos que parecen graznidos, o simulan el "Uhh, uhh, uhh" con el que amenizamos los cuentos de los niños cuando aparece el fantasma o la bruja. Y "habla" alto. He visto a más de un cliente dar un respingo, asustado.

Cuando noto inquietud ante esos sonidos inesperados, enseguida digo: 

-No se preocupen, es sordo.

Sí, digo sordo, como reza la pegatina de sus pasatiempos: "Asociación de sordos". Ya sé que en esta época tonta que nos toca vivir lo "correcto" es decir "discapacitado auditivo" o "persona con otras capacidades", pero yo soy así de económica con las palabras.

Cuando le llega el turno a Mario se golpea el corazón con el puño y me señala. Es su forma de decir que está contento de verme, que me aprecia. Despliega un folio con el alfabeto y va marcando letras.

-Buenos días
-¿Y la familia?
-Biene el día frío.
-Ai mucha jente hoi aqi

Sí, a veces me cuesta entender a Mario por sus faltas de ortografía al marcar las palabras en su alfabeto.

Yo le contesto despacio para que me lea los labios, y bajito, porque total... no oye.

        Resultado de imagen de sordos

A veces se ha cruzado con Augusto, el director de la oficina.

-Uhh, uhh, uhh- le grita mientras extiende su mano.

Augusto le rehúye y se escapa diciendo "estoy muy ocupado" entre dientes. Mario hace un gesto de desprecio, como quitándose enérgicamente motas de polvo de la chaqueta y vuelve a enarbolar su abedecedario.

-¿Qué le pasa a tu gefe? Solo quería saludar.

Intento excusar al que no merece ninguna disculpa y le digo vocalizando cuidadosamente:

-Ya sabes, los jefes siempre están muy ocupados.

Pero Mario no es tonto y se ha dado cuenta de que su mano ha quedado ahí sola, colgando, ignorada por el director.

-Es un maleducado- vuelve a marcar en su alfabeto. 

Le pago la sopa de letras y le pongo un sello en su hoja de visitas. Él me regala una fotocopia con el dibujo de una rosa y un mensaje que dice: Las mujeres son las rosas más bellas.

Le veo marchar. Quizá no vuelva hasta dentro de dos meses y me alegro de, a pesar de las prisas y la gente, haberle dedicado un tiempo. Los clientes le despiden con una sonrisa, ninguno se ha impacientado. Me ha alegrado la mañana con sus mensajes positivos.

Muchas veces pretendemos ser voluntarios o solidarios en lugares lejanos y nos olvidamos del cariño que necesitan los que están más cerca de nosotros. Cuidemos a todos los Marios que nos rodean.

6 comentarios:

  1. Aahh los jefes malhumorados y con escaso tiempo... Personajes típicos de nuestra fauna. Yo no sería maleducado con ese Mario aunque me tocara ser el presidente del universo.

    Saludos y saludes.

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    1. La pena es que a veces la gente cambia mucho en cuanto se cree importante. Gracias por visitarme. un abrazo.

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  3. Hace años, siglo pasado, llamó al piso un "Mario" traía calendarios. Lo malo no era la avanzada época del año para venderlos, sino que eran del año anterior. Se lo hicimos saber y lo entendió perfectamente, pero nos mostró las imagenes que eran de santos queriendo indicarnos que eso era lo que realmente valía. No se lo compramos. Me has creado um trauma de culpabilidad. Si además tenemos en cuenta que es precisamente la ilustración de santos de un calendario la que pone mi esposa (alumbrada por un flexo en vez de vela) cuando viajan nuestros hijos.

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    1. Te entiendo. Yo le compro a Mario por tradición, porque me cae bien y porque a mi tía le gustan las sopas de letras. Pero reconozco que la mercancía no merece el pago de los 3 EUR. Lo hago por ayudar. Un abrazo.

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  4. Qué gran verdad, Zarzamora, como nos olvidamos de los Marios que tenemos cerca. Ah, y la palabra sordo no es ningún insulto, es una denominación. Lo políticamente correcto, a veces, es tan ridículo. Abrazos.

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