martes, 29 de enero de 2013

Malditas etiquetas




La otra noche estábamos cenando juntos, como todas las noches, mi marido,  mis hijos y yo. El mayor comenzó a contarnos adivinanzas un poco surrealistas, de las que gustan a los veinteañeros. No tienen nada que ver con las típicas de nuestra infancia (Oro parece, plata no es) y son más elaboradas que las clásicas adivinanzas de películas (seguro que todos recordáis  ese comienzo típico "se abre el telón" con la pregunta final "¿cómo se llama la película?")

Cogí el truquillo a este tipo de adivinanzas y les planteé lo siguiente:

-Una señora coge unas tijeras de gran tamaño de su puesto de trabajo, se mete en el cuarto de baño, congelado porque es invierno y ahí no llega la calefacción, y se quita rápidamente parte de la ropa. ¿Qué ha pasado?

Mi hija no dudó un segundo en la respuesta.

-La señora eras tú y tenías por ahí alguna etiqueta torturadora.                                                 

Exactamente, eso me había pasado. Me había comprado una camisetita de tirantes, de esas que venden en Sfera, H&M, C&A o Berhska, por 4 ó 6 euros ahora en rebajas, y me la había puesto debajo de mi jersey. Le había quitado la etiqueta de cartón con el precio y no me di cuenta de que quedaba una etiqueta lateral en el interior de la prenda. En el metro ya  iba notando el roce y me la intentaba recolocar para evitar esos bordes cortantes en mis carnes, pero la etiqueta volvía siempre a la posición más molesta.

En cuanto llegué al trabajo, y mientras esperaba la apertura de la caja fuerte, me dirigí al baño. Corté la etiqueta al ras con mis tijeras "king size" especiales para cortar cartón y papeles varios. Pensé que había solucionado mi problema. Pero no. Es como si te sacan una muela, pero te dejan la raíz; la molestia es incluso peor. Eso me pasó a mí con la dichosa etiqueta. Quedaba un resto minúsculo  de material completamente sintético, cosido a la costura con hilos que parecían de caña de pescar: transparentes, rígidos y cortantes. Al cortar la etiqueta lo que conseguí fue un nuevo borde más áspero aún que el inicial.

Era la hora de que empezaran a entrar los clientes. Allí estaba yo, con mi etiqueta mortal arañando mis carnes, aguantando el tipo. Y no podía quitarme la dichosa camiseta, porque esto me pasó un lunes y después del fin de semana la sucursal está congelada. Así que aguanté como pude.

Al llegar a casa después de ocho largas horas entré en tromba en mi habitación y me quité el origen de mis molestias. Después de comer me puse las gafas de cerca y, como si se tratara de una operación quirúrgica, cogí aguja y las tijeras de punta más fina que pude encontrar. Comencé a descoser, aunque era difícil. Por muchas gafas que me hubiera puesto, hilo negro sobre tejido negro se ve fatal. Decidí meter la punta de las tijeras y acabé haciendo un roto pequeñito en la camiseta.

Imagino que son inevitables estos daños colaterales, como cuando el cirujano se deja unas gasas dentro del estómago del paciente. ¡Pero que bruta soy, mira que comparar las dos cosas! En fin, que he eliminado cualquier residuo de etiqueta mortífera y ya he cosido el agujero minúsculo que hice.

Tengo que aprender de mi hijo.Cuando le compro camisetas siempre revisa todas las etiquetas interiores. A veces las hay enormes, que rozan la base del cuello y que son prácticamente imposibles de eliminar. Independientemente de lo bonita o fea que sea la camiseta, él desecha las que tienen etiquetas torturantes.

No sé si este problema lo tendrán más personas, pero os aseguro que en mi familia sufrimos de "etiquetafobia". Te compras cualquier prenda de buena calidad, bien cosida, y la fastidian poniéndole tres o cuatro etiquetas rígidas que parecen hechas con el material de estas bolsas que ahora llevamos todos a la compra. Y como el cosido muchas veces forma parte integrante del cosido general de las costuras, eliminarlas puede suponer cargarte la ropa. En una prenda de 5 euros no te molesta tanto, pero el problema lo tienes igual en un jersey de 40 euros. Si no está en contacto directo con la "chicha" da igual. Pero si es una segunda piel, el desasosiego puede ser grande.

Recordad, antes de comprar nada, revisad bien las etiquetas y palpad sus bordes. Si cortan, ya sabéis lo que os espera.

5 comentarios:

  1. Me pasa exactamente igual! Nunca entenderé el propósito de esas etiquetas tan larguísimas, antes no eran así. Sobre todo las de las tradicionales rebecas que uso un montón y las llevan todas en el lateral. El otro día sin ir más lejos en el trabajo me quité una porque me pasó lo que cuentas, que me rozaba por todos los lados!
    Besos!

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    1. ¿Y qué me dices de las de la ropa interior? Hay más tela en las etiquetas de las bragas que en la propia braga.

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    2. Jajaj, es verdad. ¡Hay tangas más pequeños!

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  2. A mí también me molestan estas etiquetas, pero a veces al quitarlas surgen otros problemas. Por ejemplo, en los jerseys de cuello alto, quito la etiqueta de atrás, y luego me tiro un buen rato buscando cúal es la parte de delante y cuál es la de atrás, y no siempre adivino.

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    1. Puedes dar unas puntadas con un hilo de color que contraste en la parte de atrás, con cuidado de no traspasar hacia fuera. Así sabrás como ponerte el jersey. Yo eso lo hice durante un tiempo en las medias, que también son complicadas.

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