miércoles, 26 de junio de 2013

El mismo mar de todos los veranos


Fui al rastrillo parroquial el mismo día de mi aniversario de bodas. Llovía a ratos y yo, guarecida bajo la carpa de los libros, rebuscaba en las cajas mientras los encargados de esa sección  alejaban los libros de las gotas gordas que se colaban por los laterales y cubrían cómo podían las mesas con plásticos.

La lluvia duró poco, mucho menos que mi husmear entre libros y libros. Tenía presente el encargo de mi tía octogenaria, pero muy activa y bien conservada (allí estaba ella vendiendo en otro puesto artículos artesanales : cojines, bolsas, manteles, jersecitos y patucos de bebé):“Zarzamora, elígeme libros que me gusten, que siempre me los encuentras muy interesantes”, me había dicho.

De la caja etiquetada como “Novela romántica” elegí para mi tía algunos,  guiada por los comentarios de la contraportada. Una vez leídos, me los pasará a mí. Y de la sección “clásicos” extraje al azar uno titulado “El mismo mar de todos los veranos”. En la primera página, amarillenta ya por el paso de los años, alguien llamado José Gómez había escrito una poesía y una dedicatoria:

Tomé al azar una flor /de un inmenso campo florido/y sentí mi corazón herido/por la pasión del amor.”
A mi esposa en nuestro treinta aniversario. Hospital de los Arcos. Santiago de la Ribera, (25-07-1991)

¡Oh, qué gran cúmulo de casualidades!  De muy pequeña veraneaba en Santiago de la Ribera; ese día de rastrillo era mi aniversario; me casé en 1991 y, desde  ese año, podría decir que voy al “mismo mar todos los veranos”. Si, me enamoré de mi marido y del mar. Ese mar Cantábrico  de aguas frías y playas inmensas, en el que te metes de puntillas, encogiendo la tripa, poco a poco, con la piel erizada de frío, hasta que una ola te moja entera y ya no hay más  remedio que rendirte al mar y moverte para entrar en calor. Luego da pereza salir, arropada por esa colcha fría y vital, de color verdoso.

Pensé  que ese libro estaba destinado para mí, en ese día, que todo era una graciosa pirueta del destino, una mezcla de casualidades. La mujer que me cobró el euro que costaba, me dijo:

-Qué buena elección,  una escritora estupenda, las primeras páginas son una maravilla…   

Ya en casa pensé que era una pena que un libro regalado con motivo de un aniversario de bodas  hubiera quedado olvidado en un mercadillo. ¿Habrían muerto ya José Gómez y su esposa? ¿Habrán llegado a celebrar sus bodas de oro? ¿Acaso los hijos estarían vaciando la casa familiar y por eso el libro acabó donde acabó? Pensaba que, si tuviera tiempo y la suficiente imaginación, podría escribir una historia sobre todo esto: amor, libros, vejez, abandono… Un libro para contar la historia de otro libro, una novela de amor y casualidades, de presente y pasado.

El ramalazo romántico acabó prontísimo.  El libro me ha parecido de muy, muy difícil digestión. No sé qué me pasa últimamente que solo leo novelas que me aburren:  libros de autores noveles a los que les faltan varios hervores, o rollos de autores consagrados de los que nadie dirá que son intragables porque parece que queda mal decir que no te gusta algo de un escritor emblemático.

Esther Tusquets escribió este libro en 1978, en plena transición y, parece ser que es una de las primeras novelas  españolas que trata abiertamente el tema del  lesbianismo. Debo decir que cuando lo trata lo hace con elegancia, muy metafóricamente, muy poéticamente y no resulta de mal gusto.  Quizá el ser una novela “rompedora” en su tiempo le ha hecho ser inmune a las críticas negativas. Como en el cuento de “El traje nuevo del emperador”, en que nadie se atreve a decir que va desnudo.

A su favor he de decir que está muy bien escrito, con un extenso vocabulario que ya quisieran los autores actuales, con multitud de menciones a cuentos infantiles -quizá si yo recordara todos, habría entendido mejor el libro, pero los tengo muy olvidados- y con referencias mitológicas, básicamente al Minotauro, Teseo y Ariadna. Entré en Internet para aclararme con la historia de Teseo, porque de mitología ando floja. Teseo abandona a Ariadna en una isla, después de que ésta, enamorada de él hasta las trancas, le ayudara a vencer al Minotauro.

El libro no me ha gustado porque no tiene puntos y aparte. Se suceden hasta  nueve páginas sin un solo descanso para la vista, sin la alegría de alguna línea en blanco que nos relaje, que haga que no nos abrume la lectura. La protagonista me ha caído mal desde el principio. Desde ese comienzo supuestamente genial que me auguró la mujer del mercadillo. Todo son divagaciones sobre su infancia, sus padres, sus tormentos interiores, la tristeza de una pobre niña rica. La protagonista lo escribe en primera persona. No dice su nombre, ni su edad; yo la veo cercana a los cincuenta. No encaja con su madre, ni con su hija, ni con su marido, que parece que es un poco ligero de cascos y de todos hace retratos bastante negativos.

Pero todo esto que yo cuento así, en tres líneas, en el libro es largo, reiterativo, con frases tan, tan extensas, que me hacían perder el hilo argumental. Hay montones de paréntesis , de guiones  -pretendiendo aclarar o ampliar las cosas, como este que pongo aquí-, comillas. No hay nada de diálogo. A veces me ha costado entender las metáforas.
Y ahora, no sigáis, si es que pensáis leer este libro, porque os voy a destripar la historia.

La protagonista parece que es profesora de algo en la universidad y se lía con una alumna muy jovencita, Clara. Se van juntas a una casa junto al mar y allí viven unas semanas de amor. Pero aparece el marido y la protagonista, aunque lo detesta, vuelve con él.  Pero Clara ha madurado, en la despedida definitiva no hay lloros por su parte, ni súplicas, simplemente le dice al oído a la protagonista innombrada: “Y Wendy creció”, en un guiño más a toda la literatura infantil que la autora menciona en el libro.

La protagonista es una mujer de mediana edad en permanente crisis, en permanente análisis de su “yo”. Rastrea sus frustaciones  en un pasado infantil, culpa a otros de sus desquiciamientos adultos, se deja llevar, sin tener nada claro en su vida. Eso sí, con sus necesidades materiales y dinerarias suficientemente cubiertas. Me cansan estos personajes que se autocompadecen constantemente.

Yo solo recomendaría este libro a filólogos o a profesores de literatura que quieran hacer trabajar a sus alumnos, porque se presta a muchos análisis:

-Presencia de la mitología en el libro.
-Análisis de los cuentos infantiles y su relación con la vida de la protagonista.
-Influencia del paisaje en los estados anímicos.
-La familia: amor y rechazo
-¿Lesbiana, bisexual o heterosexual?
-Peculiaridades en la puntuación. Vocabulario y metáforas.
-Problemática psiquiátrica y psicológica de la protagonista.
-Profesora y alumna ¿Relación de dominación o de amor?

Para lectores normalitos, que buscamos  en la lectura una historia que nos atraiga, que nos haga desear leer en el metro, en la cama, en el parque, el libro es completamente prescindible. Yo no solo busco en una novela tan solo una perfección idiomática, sino una historia que me fascine. Y aquí casi no hay historia. ¡Y la que hay es tan aburrida!


4 comentarios:

  1. Qué pena! Es una historia preciosa (la de la dedicatoria) que habría sido perfecta y además te hubiera gustado el libro. Es muy frustrante porque con ese cúmulo de casualidades te habrías hecho muchas ilusiones respecto a la novela, y cuando eso pasa, si luego no te gusta, el "golpe" es peor.
    Por supuesto que no leería el libro ni loca después de ver tu reseña. Muchas veces en la sencillez esta lo bonito y atrayente de las cosas, incluidos los libros.
    Besos!

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    1. Entregaré el libro nuevamente para su re-venta. Quizá ponga otra dedicatoria. Un abrazo.

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    2. Si no te gusto deja la dedicatoria tal cual. A mi me encanta la forma de escribir .los juegos de palabras.las metaforas.la sencillez me aburre. Como tu dices los best sellers son para el metro .Este libro es para leerlo en un sillon con cafe y manta y en invierno

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    3. No, no agregué nada más. Pero regalé nuevamente el libro. Ojalá el libro ido a alguien como tú que lo disfrute con él. Afortunadamente los gustos son variados. Gracias por tu comentario.

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